PRENSA CLARO

CORROPCION EN LA MUNICIPALIDAD DE LIMA OCHO REGIDORES DENUNCIA

http://prensaclaro.blogdiario.com/img/demal.jpg  

http://peru21.pe/noticia/409560/empresa-beneficiada-extrano-pago-municipalidad-lima-desaparecio

 

De manera inusual, ocho regidores de la Municipalidad de Lima le demandarán hoy al alcalde Luis Castañeda la formación de una comisión “con amplios poderes” para que investigue el extraño pago de S/.35.9 millones que, en tiempo récord, la comuna capitalina le hizo a una desconocida empresa, llamada Comunicore, ni bien esta adquirió la acreencia de Relima, pese a que había acordado cancelar la deuda a la transnacional en un plazo de 10 años.

Los regidores Marisa Glave (Partido Nacionalista), Rafael García y Germán Aparicio (Somos Perú), Luis Jiménez Borra, Carlos Calderón, Maytacápac Alatrista y Ana María Oshiro (Apra), así como Marco Morón (independiente), solicitarán esta tarde que la comisión investigadora, que deberá ser presidida por un concejal de la minoría, “determine la responsabilidad en estos actos en un plazo máximo de sesenta días”.

Según el Pedido Conjunto Nº 001, firmado por los citados miembros del cuerpo edil, lo informado por este diario “debilita la imagen de la Municipalidad de Lima, genera desconfianza en la población y pone en cuestión la gestión municipal”.

TAMBIÉN EN EL CONGRESO. No solo en el municipio verán este caso. El presidente de la Comisión de Fiscalización del Parlamento, José Vega, dijo que “los nuevos elementos aportados por Perú.21 cambian el escenario y la hipótesis de trabajo, porque ahora hay indicios de acciones sospechosas”.

Según afirmó, “todo indica que sí va a haber una investigación formal, pues la denuncia señala que se habría utilizado manifiestamente a la empresa Comunicore para cobrar la deuda. Esto sigue generando serias sospechas”.

En esa línea, el legislador José Maslucán le envió ayer un oficio a la Comisión de Fiscalización reiterándole la necesidad de citar al alcalde capitalino para que absuelva las dudas en torno a la operación de pago de deuda.

COMO SI NADA. En defensa de la operación edil, el abogado de la comuna, Jorge Avendaño, sostuvo que el pago de la deuda al contado “benefició al municipio” pues se ahorró S/.17 millones que dejó de pagar por concepto de intereses, cantidad que sí habría desembolsado si es que cancelaba la acreencia en un plazo de 10 años.

Es curioso. Hace dos días, la municipalidad remitió un documento al Congreso asegurando que el ahorro por intereses fue de S/.10.9 millones; y, en diciembre de 2005, acordó con Relima que los intereses serían de S/.4.6 millones. La gestión de Castañeda, como se aprecia, no tiene claras ciertas cifras.

http://peru21.pe/noticia/409560/empresa-beneficiada-extrano-pago-municipalidad-lima-desaparecio

 

Comentarios

ahora tienes tiempo para escribrir , se ve que na hay chamba el en teatro ,estana asta el pérno con villaran ,trabajen carajo

la última Había una vez una niña que se llamaba Caperucita Roja. Su sonrisa alegre y su mirada risueña ocultaban su triste realidad. Esa mañana, Caperucita despertó con los acostumbrados gritos matutinos de sus padres. Escuchó pisotones en las escaleras. La niña miró el cielo raso con preocupación. Su padre entró de un portazo. —¡Levántate holgazana! —gritó con mal carácter. Caperucita asintió con la cabeza y bajó temblando de la cama. Su madre apareció enseguida. —¿Por qué en vez de gritarle a tu hija no te preparas para a ir a trabajar a la muni? —exclamó enojada —Si no te tomas el trabajo más enserio perderás tu nombramiento ¿quién mantendrá a esta familia entonces? Su padre se giró y la miró furioso. —¿Así que ahora la culpa de que nuestra situación económica esté tan mal es mía? ¡Dile a tu madre que deje de depender de nosotros! ¡Sus benditas medicinas valen un ojo de la cara! La madre de Caperucita calló gravemente y salió de la habitación. El padre la siguió. —¡Vístete, vamos! —le gritó a Caperucita antes de cerrar la puerta, aún mas fuerte que antes. Caperucita se puso su blusa blanco marfil y su falda celeste de verano. Aún con la puerta cerrada, los gritos de sus padres en el piso de abajo retumbaban en su alcoba. Su padre, harto de gritar “¡Baja de una buena vez, niña inútil!”, en medio de los chillidos de su madre, subió las escaleras y tomó a Caperucita del brazo. La llevó a los tirones por las escaleras. —Puedo bajar sola —murmuró Caperucita, sin poderse contener. —¿Qué has dicho? —bramó su padre encolerizado. Caperucita se puso pálida y no respondió. Entonces su padre la sacudió violentamente —¿Qué has dicho maldita? Caperucita casi cae por las escaleras, si no fuera por que su madre se le acercó y la agarró enseguida. La abrazó fuertemente. Su padre refunfuñó algo incomprensible, se puso el rifle en el hombro y un pedazo de pan duro en el bolsillo de su ancho saco verde, y salió con ímpetu al bosque. La madre de Caperucita se tapó la cara porque no pudo ocultar más sus lágrimas. Sus manos sangraban, ahora se había dado cuenta Caperucita. Pero no se animaba a preguntar que le había pasado. Ya lo sabía. Intentó abrazar a su madre, pero ésta le puso una cesta en sus manos. —Caperucita querida —dijo mirándola esperanzada —, llévale estas medicinas a tu abuela. —Claro —contestó Caperucita y se colocó su larga caperuza roja. Se colgó la cesta en el brazo y saludó a su madre quién le acarició sus bucles rubios. —Escucha hija —advirtió su madre desde la puerta —, no hables con nadie que no conozcas ¿me oíste? ¿Hablar? ¿con quién?, pensó Caperucita. Ella no hablaba con casi nadie, le costaba mucho comunicarse. —Y vuelve antes del anochecer. Si tu padre se entera de que fuiste a llevarle a tu abuela esas medicinas tan caras… —Volveré lo más rápido que pueda —contestó la niña con firmeza —, no te preocupes. Era una radiante mañana. El canto de los pájaros, las hermosas mariposas que volaban sobre las coloridas flores que la primavera ofrecía, hicieron olvidar a Caperucita por un momento sus problemas. Caminó un rato mirando cada detalle de cada árbol, flor, animal que se le cruzaba. Entonces vio un par de chicas que jugaban emitiendo pícaras risas. A Caperucita le hubiese gustado compartir con ellas esa felicidad. Pero entonces una agarró una muñeca de vestido azul y su amiga se la arrancó de las manos. Las dos se pusieron a llorar melancólicamente. Que simples son sus vidas, pensó Caperucita. Lloran por una muñeca. Daría lo que fuera por llorar con tanta libertad y fuerza como ellas. Es que el llanto… no me sale. Dentro de ella había un gran dolor y angustia… de verdad le hacía falta llorar. Pero en su casa no podía llorar ni quejarse y fuera no quería dar la imagen de una niña infeliz. En cambio, sonreía con cierta dificultad y tragaba sus penas. De pronto unas hermosas margaritas llamaron su atención. A su abuela le encantaban las margaritas y éstas, particularmente, eran preciosas. Sin perder tiempo se puso a recogerlas. Era una más bonita que la otra. Cuando trataba de sacar una bastante grande sin dañarla, una mariposa amarilla y negra se cruzó ante sus ojos. Caperucita desvió la mirada. Con cuanta libertad volaba. Siguió agarrando margaritas. ¿Qué pasaría si no vuelvo hoy a casa?, se preguntó Caperucita. Podía entregarse a la suerte del bosque, después de todo no le molestaba ser comida por una fiera. Por lo menos tendría paz consigo misma. Sacudió la cabeza violentamente. Era una locura. Debía entregar esos remedios a su abuela. Y volver pronto; su padre era capaz de cualquier cosa y su madre podía salir herida. Tenía que dejar de soñar imposibles. Y ahora… ¿dónde estaba? Se había perdido completamente sin poder apartar la vista de aquellas bellas flores. ¿Dónde se encontraba el sendero? Caminó un poco en distintas direcciones. Como no encontró nada familiar se sentó al lado de un arroyo. Se dejó llevar por la brisa tibia y el cosquilleo del césped en sus pies. Impulsada por el deseo de estirarse y descansar sus cansadas piernas se acostó. Decidió relajarse y tratar de no pensar en nada más. El rumor del agua que corría y de las hojas de los árboles que bailaban con el viento la adormilaban. Sólo dormitaba, pero, aún así, soñó. Soñó cosas hermosas, se sintió tan bien que no quiso dejar de pensar en aquellas maravillas y se internó en sus pensamientos. Despertó de un sobresalto. Se había quedado dormida. Miró al horizonte ¡Se había dormido profundamente! El sol ya se estaba preparando para ocultarse. El cielo estaba celeste aún. Pero no debía perder más tiempo. Rápidamente corrió y corrió sin rumbo, esperando encontrar algo conocido que permita guiarla. Caminó por mucho tiempo hasta que por fin, rendida, se arrodilló a sollozar al pié de un árbol ¿Qué pasaría ahora con las medicinas de su abuela? ¿qué le diría a su padre si no volvía a tiempo? —¿Perdida? —dijo una voz grave. Pero a Caperucita no la asustó. Por el contrario, comenzó a buscar con la vista de dónde provenía. Entonces, de detrás del árbol donde ella se encontraba, apareció un lobo negro y peludo. Aquí termina mi viaje, pensó la niña. Pero el lobo no parecía tener intenciones de devorarla. Su mirada estaba fija en la cesta. —Caperucita Roja… admirable —comentó el lobo mirándola de arriba a bajo —. Nunca se ha visto una niña de diez años que enfrente su dura vida con tu misma firmeza. Un manjar incomparable. Caperucita se preguntó como sabía tanto de ella. Pero no lo dijo, estaba bastante asustada. —¿Qué llevas en la canastilla? —preguntó el animal. —No traigo comida, señor lobo —respondió rápidamente Caperucita —. Son solo medicamentos. —¿Quién es la enferma? Caperucita dudó un momento. Era una tonta pregunta, el no contestarla podría costarle la vida. —Eh, mi abuela, señor. —Ah, sí. Sufre del corazón ¿no? —S-sí —respondió la niña atónita —. Iba a llevarle esto… en fin… —No te acuerdas el camino. Bueno, a decir verdad no creo que pueda comer a una persona tan grandiosa como tú. Es más, si confías en un lobo viejo… yo conozco cada sendero, cada claro de este bosque como la palma de mi mano. Si lo deseas puedo llevarte al… —Al otro lado del bosque, pasando el valle oscuro, tras el lago del sauce —respondió Caperucita sin pensarlo dos veces. El discurso del lobo no era muy convincente, pero le siguió la corriente. Que más daba, no había nada a su alcance para dañarlo y, si se largaba a correr, el lobo la alcanzaría: corría mucho más rápido que ella. Y, ahora que lo pensaba, podría haberlo intoxicado con algúna medicina haciéndolo pasar por alimento, pero el lobo ya sabía lo que eran. El lobo la llevó hasta la entrada del valle oscuro. Por un momento, Caperucita creyó que la llevaba a un escondite para comerla. Pero no lo había hecho al lado del arroyo ¿por qué lo haría ahora? Tal vez el lobo si hablaba enserio cuando decía que quería ayudarla. El lobo le indicó el camino que debía seguir para llegar al lago del sauce. No era el mismo que siempre tomaba. Según el lobo era más corto. Siguió el sendero incansablemente y, cuando creía que no iba a encontrarlo nunca, lo vio. El enorme sauce, en su mayor esplendor. Y, tras su cortina de hojas, la humilde casa blanca de su anciana abuela. Corrió con una tremenda felicidad. Por fin vería a su abuela. Iba a entregarle las margaritas y a contarle sus cosas. Pobre abuela, siempre terminaba mareada luego de escuchar los interminables lamentos de su nieta. Pero siempre le daba una respuesta sabia que la hacía sentir mucho mejor. Llegó a la puerta de la casa. Tocó sutilmente. Una, dos veces. —¿Abuela, estás ahí? —Ejem; sí, nietita. Entra. Su voz estaba rara. Parecía muy enferma en verdad. Caperucita abrió la puerta. Le dirigió a su abuela una sonrisa. Pero… estaba tapada hasta los ojos. Había algo en ella que le llamaba mucho la atención. Dudó que esa persona pudiera ser su abuela. —¿Cómo te sientes? —dijo la niña agarrando disimuladamente un cuchillo de la alacena y escondiéndolo bajo su caperuza roja. —Muy bien, gracias a Dios. Pero ven, cuéntame ¿siguen las peleas con tu padre? Si no era su abuela ¿por qué hablaba igual que ella? Caperucita se sentó en la cama y le acarició la pierna. Se sentía… ¿aterciopelada? —¿Has cambiado de manta, abuela? —¿Se nota? —preguntó el individuo. Su abuela nunca respondía con una pregunta. Caperucita preparó el cuchillo bajo su caperuza. Entonces vio lo que parecían ser ¿orejas? Sí, pero… —Abuela ¿qué le ha ocurrido a tus orejas? Son más… grandes. —Son para oírte mejor, amor. Caperucita creyó que le estaba tomando el pelo. Pronto notó que su cuerpo era más grande de lo común. No parecía débil como el de una anciana enferma; más bien parecía el de un leñador fornido, como su padre. —Abuela, tus manos han crecido… —Son para abrazarte mejor. —Y tus ojos… —Son para verte mejor. —Tu nariz… —Es para olerte mejor. Caperucita, alborotada, no se dio cuenta de que estaba haciendo demasiadas preguntas. —Abuela que boca tan grande tienes… —¡ES PARA COMERTE MEJOR! —la voz cambió a grave y el lobo se abalanzó sobre Caperucita. Eso lo explicaba todo. En el último segundo la niña sacó el cuchillo, raspándose accidentalmente y rajando su blusa, y lo clavó en el abdomen del lobo. Éste chilló. Caperucita quiso escapar pero el animal la tomó por el tobillo y la niña cayó. Intentó incorporarse, pero el lobo se le apoyó encima y la contuvo pegada al suelo. Tenía que pasar, pensó Caperucita dándose por vencida. Al menos si iba a morir se sacaría su última duda: —¿Qué pasó con mi abuela? —gritó, temiendo la respuesta. El lobo sonrió maliciosamente. —La carne era vieja pero estaba en buen estado todavía ¡Con lo que debe conformarse un lobo hambriento! En cierta forma, Caperucita ya lo sabía. Pero al escucharlo de los labios del lobo, dicho con tanto desprecio, se llenó de una furia intensa. Lo giró aplastándole los huesos contra el suelo a causa del peso que llevaba encima y clavó el cuchillo en la pata de la fiera. Éste se levantó súbitamente y Caperucita huyó. Salió fuera. El sol casi se había ocultado y el cielo estaba pintado de un rojo claro. Tenía que volver lo antes posible. Corrió todo lo que pudo, pero el olor de sangre de lobo impregnado en su ropa le dio mucho asco. Inevitablemente vomitó sobre un lecho de tréboles. Ahora no solo tenía olor a sangre y sudor, sino también un horrible aroma a vómito. Para el arroyo faltaba mucho que recorrer, así que volvió al lago del sauce. Se agachó, comenzó a mojarse y a tomar el agua con desesperación. Cuando se levantó para largarse a correr nuevamente alguien la apresó con una brazada. Era el lobo, con una sábana atada al estómago y otra enroscada al pié, parando así su hemorragia. Obviamente no era nada estúpido. ¿Qué podía hacer Caperucita, ahora? Ya no tenía el cuchillo (y por lo visto tampoco el lobo). La niña pegó al lobo en los testículos con el tacón de su zapato. El lobo la soltó dando un alarido. Caperucita corrió por el bosque a más no poder. Porque, aunque estuviese herido, el lobo corría a gran velocidad. Cuando a Caperucita se le acababa el aire y sus frágiles piernas iban a torcer, el lobo se desplomó exhausto. Caperucita se alivió, pero no dejó de correr. Las estrellas se asomaban y la noche se tornaba oscura. La niña apuró el paso, gimiendo cada vez más fuerte. Llegó a la entrada de su casa, abrió la puerta y no dio crédito a sus ojos por reflejar ese espectáculo tan terrible. Su madre, tirada en un mar de sangre, agonizaba. Caperucita lloró con todas sus fuerzas y trató de socorrerla pero su madre la detuvo. —Corre hija —dijo la mujer con dificultad—, tu padre se ha vuelto loco. Traté de explicarle con sinceridad adonde habías ido… —¡Todo es culpa mía, lo siento! —se lamentó Caperucita. El odio hacia su padre jamás fue tan fuerte. —¡Vete, hija… —pero antes de que su madre pudiera terminar de hablar, su padre entró dando su acostumbrado portazo. —¡Niña malcriada! —la cólera de su padre era tan fuerte que a Caperucita el corazón le dio un vuelco. Pero el rencor la mantenía firme. Ya estaba por cometer una locura cuando se le ocurrió una muy buena idea (en realidad era su última esperanza). Se escapó por la ventana y se internó en el bosque. Su padre la siguió. Caperucita sabía que él, como buen cazador, tenía la vista y el oído muy agudo y la encontraría fácilmente. Así que resolvió subirse a un árbol, quedarse inmóvil y esperar que se valla. Le costó mucho trepar, las piernas y los brazos desnudos se raspaban contra la corteza del árbol. Pero llegó a la copa y se escondió entre las gruesas ramas manteniendo el equilibrio. Su padre pasó bajo el árbol gritando su nombre y otros insultos. Caperucita tembló más que nunca. ¡Si me encuentra me mata!, pensó. Él no la vio. Cuando estuvo lo suficientemente alejado, Caperucita bajó del árbol. Aún no venía la peor parte del plan. Vio a su padre a lo lejos. ¡Debo hacer que me vea o el plan va a fracasar! Caperucita pasó frente a él. —¡Ahí estás! —bramó su padre y comenzó a perseguirla. Verdaderamente, con lo poco de fuerzas que le quedaban a la niña, fue un milagro que su padre no la hubiera agarrado. Llegó al camino del valle oscuro. Al doblar una curva se internó entre los espesos árboles y retomó el sendero que el lobo le había enseñado para llegar a lo de su abuela, confundiendo a su padre que no pudo seguirla. Sin poder creerlo, Caperucita llegó arrastrándose hacia donde estaba el lobo todavía tratando de incorporarse. —¡Qué suerte que no te has muerto! —exclamó llorando fuertemente y dirigiéndose a él. El lobo le lanzó una sombría mirada. —¡Te lo ruego —dijo Caperucita, arrodillándose ante él —, ayúdame! —¿Por qué tendría yo que ayudarte a tí después de lo que me has hecho? —Por que eres mi última esperanza, y por que hay un suculento humano esperándote más allá. El lobo sonrió como aquella vez cuando le dijo que se había comido a su abuela. —¿Qué no lo ves? No quiero a tu abuela, ni al humano más grande del mundo ¡te quiero a ti! ¿por qué piensas que he hecho todo esto, niña? Caperucita miró el suelo un momento. —Si me ayudas, prometo dejar que me devores luego. Solo quiero honrar la muerte de mi madre matando al hombre que ha arruinado su vida… y la mía. —¿Aunque debas recurrir a quien se comió a tu abuela? —preguntó el lobo. Pero ahora no la miraba con odio, sino con profunda seriedad. —Los lobos matan para alimentarse y vivir, es natural. Prefiero valerme de tí para eliminar al humano más horrible del mundo —su llanto se intensificó. El lobo la miró y le sonrió tan tiernamente que ya no parecía aquella bestia asesina de hace un rato. Los dos fueron por el bosque hasta encontrar al padre de Caperucita. Ésta se le presentó. Su padre corrió hacia ella tan enfurecido que parecía que iba a explotar. ¡Si me agarra me mata!, volvió a pensar Caperucita cerrando fuertemente los ojos. Entonces, cuando su padre estaba a menos de un metro de distancia, el lobo salió repentinamente del arbusto en el que se ocultaba y lo derribó. Su padre lo apuntó con la escopeta, pero Caperucita se lo arrancó de las grandes manos, que ya estaban muy débiles. Creyó que no podría ver la encarnizada batalla, pero ahí estaba, firme. No estaba impresionada. Le asombró que el ver las obscenas imágenes de su padre con las extremidades fuera no le halla movido un pelo. ¿Será que ya había visto suficiente sangre el día de hoy? O tal vez odiaba tanto a su padre que no le afectaba verlo morir tan ferozmente. Como era de esperar, el lobo venció. Luego de engullir a su rival, él y la niña se dirigieron a la casa de Caperucita. —¿Estás segura que quieres hacer esto? —preguntó el lobo. —¡Mi madre tendrá el entierro que merece! Con ayuda del lobo, arrastraron el cadáver de la madre de Caperucita hasta un pozo que el lobo había cavado. La enterraron. Caperucita miró al lobo. —Es hora de que cumpla con mi promesa —dijo con frialdad. Se arrodilló frente a él. Estaba feliz, se iría con su madre. Para tener una vida tan horrible como la suya quien querría seguir viviendo. Ahora por fin tendría la paz que quería. Moriría con la conciencia tranquila de saber que honró a su madre. El lobo sacó la escopeta. —¿Qué haces? —preguntó la niña con una clara inocencia que nunca había sentido antes. —Te dispararé primero para que no sientas dolor cuando te coma. No es muy agradable que te desgarren la carne. Créeme que estoy muy orgulloso de ti y que eres la mejor víctima que halla podido tener. Te disfrutaré mucho. —¿Siempre demuestras tu cariño de esa forma? —rió Caperucita. —Solo cuando estoy hambriento —rió el lobo —. Es irónico que bromees antes de morir. Veo que no te importa demasiado. Caperucita se encogió de hombros. Y el lobo concluyó: —Hace mucho que quiero devorarte. Te respeto mucho ¿sabes? —Bueno, deja de hablarme así o vas a encariñarte conmigo ¡aprieta el gatillo! …………………¡BANG!

continua la corrupcion en cultura, monica quedo como un angelito y pensar que son de izquierda pero que izquierda de pitucos que marginan a todos ya viene la venganza a todos izquierdista por las huev... ingresaron de son del pueblo son ladrones que se vayan y que regresen los otros ladrones que al menos hacian algo por la ciudad

saludos alos nombranos fumones del teatro segura ijijiji mañana estamos en los parque zonales estan todos invitados de fondo a teresa palomino con sus lindas dandas

bueno yo estoy agredecido de cultura por que me dan chamba y mis equipos estan que se alquilan como pan caliente .ahora si nos toco ganar,por ahi puedo mejorar.saludos alos amigos del maria arguedas ya se van con alan g. hola gordo fumon del teatro segura ,portals

SALUDOS A LA GORDAZA DE CULTURA ALEXANDRA Y SU GENTE Y HASTA NOMBRADOS Q SE PRESTAN POR MANTENER SU TRABAJO SIN DIGNIDAD A SER CORRUPTOS O PEOR, QUE ENTRARON COMO LOBAS DISFRAZADAS A VER SI EN VEZ DE ESTAR DE COLADAS EN LOS CONCIERTOS DE SAN MARCOS DIS QUE TRABAJADORAS DE DEFENSA CIVIL HACIENDO DE LAS SUYAS EN VES DE PONERSE A TRABAJAR, SRA ALCALDESA A VER SI ESTA GESTION LLAMADA TRANSPARENCIA NO ES MAS QUE IGUAL O PEOR QUE TODAS LAS LACRAS DEL ESTADO QUE POR SOLO SER VOCEROS CONSIGUEN PUESTOS DE TRABAJO SIN MERECERLOS,PARA QUE SU GENTE SE PRESTE HACER DE LA MUNI SU CHACRA

buena vagos choros del segura y consentido de chumpi

SALUDOS ALA GENTE DELA MUNI ...ESPECIALMENTE ALOS PENDEJOS DE CULTURAAAAAAAAAAAAAAAAAA.........

hola hay mucha scosas que pasan y no se se hasen los locos como los reincoporados en la municipal que solo la pasan durmiendo o fumandose un tronchito, y eso lo saben los funcionarios que trabajan en los teatros y no solo eso se roban las cosas primero fue las bisagras de bronce del teatro segura y ahora se roban los componentes de los extinguidores y por favor cuando suceden estas cosas jamas y ahora q van a echar la culpa alos pobres compañeritos eso esta mal ya pues dejende robar a ti te digo gordo fumon,

acabo de descubrir este lugar de comentarios así lo haré: fui proveedor de la municipalidad de lima. Se presentó por amistada la subgerencia una persona de nombre Blanca Bumachar que me dió los siguientes datos, av. vasco de nuñez 433, dpto. 901, miraflores. Telefono 4452764-993454196, la fecha fue febrero del 2010. Esta señora era amiga de la subgerenta de cultura quien me "conectó para un trabajo independiente", no era trabajo municipal, solo recomendación. La señora blanca bumachar me pidió que la apoye en imprimir 5000 revistas por los 50 años de la marinera . me adelantó en mi cuenta bancaria s/ 10,000 soles Se entregó el producto a la señora blanca bumachar por un costo total de s/ 42,000.00 soles sin IGV. me adelantño un par de cuotas más en los 2 meses siguientes. El trabajo se cumpl y fue entregado fines de febrero del 2010 y hasta la fecha la señora blanca bumachar , más de un año después me siguie debiendo aún los s/ 15,000 soles. Fui testigo que la subgerenta le pedía a esa señora bumachar que cancele el trabajo ya que ella solo me presentó, no tuvo nada que ver con trabajo de la municipalidad. Solo fue un contacto de amistad. l a señora blanca bumachar nunca me cancelño a pesar que le escribi correo electrñonico y no responde cuando llamo desde mi casa. Así que si tocan el tema de las revistas de los 50 años de la marinera, yo soy el indicado, la conchudez y sinverguensería es exclusiva de la señora blanca bumachar y si alguna persona , instituciñon quiere saber más... pues escriban a oceanografico141@hotmail.com Un último comentario. Esta, blanca Bumachar señora es tia abuela, de un delincuente llamdo SERGIO EDUARDO HURTADO GHERSI. que está preso en san jorge por intento de violación y asesinato cometido hace 3 meses atrás. pero el 29 de junio del 2010, este mismo personaje junto con sus primos, DIEGO ALVARO GHERSI BRYSON Y CARLOS (muerto en la prisión, ya que fue el único detenido) secuestaron a la misma chica que tenía menos de 5 meses de embarazo. Eran en total 5 hopmbres que la secuestraron y la hicieron abortar, y tan sádicos son los sobrinos nietos de blanca bumachar, que pretendian arrojara el feto extraido a la casa del padre de l bebé para que vean que con ellos nadie se mete a denunciarlos. el sobrino sergio eduardo hurtado ghersi, que me lleva un odio terrible porque le tengo videos que es homosexual y le gusta las travestis y está metido en mafias tiene privilegios en la cárcel de san jorge, en lima, habla conmigo por msm, y mucha gente influyente está que se mete para tratar de sacarlo antes que asuma ollanta humala. Este enfermo por sus relaciones logró que durante este gobierno municipal de la señora susana villarán , me sacaran como proveedor de la municipoalidad de lima después de 12 años trabajando para el área de galería. E pasado por decenas de directores y dos alcaldes diferentes y nunca tuve problemas con nadie porque lo mío es un trabakjo técnico y no político...y bien reconocido por todas las personas que me vieron trabajar profesionalmente. Mis ñultimos travbajkos en la municipalidad de lima fue para la muestra de LA CHALINA DE LA ESPERANZA, en el mes de enero por el aniverdario d elima, después hice un trabvajo mas los primeros dias de abril. hasta el mes de mayo, me pusieron trababas para pagarme, y llegaron a la conchudez de decir que no me pagarían. Ya trabajan con otro proveedor. Me quejé el motivo por el cual no me quyerian pagar lo ya trabajado, más no podía opinar sobre el porque ya no me llamaban pues eso si es decidsión de cada entidad. Investigando, y de boca del propio Sergio Eduardo hurtado Ghersi, me entero que él hizo llegar a su casa a un personaje de el área de logistica de la municipalidad de lima, para que no me convoquen mas e incluso que nbo me paguen ñla deuda pendiente. Averiguando me dieron el dato que la persona de logistica es un tal Francisco Cuadra Lola. ël aparentemente inició la campaña para sacrme y no pagarme. Caundo me presenté a finales de mayo a quejarme al área de administración de cultura, un señor chumpitaz me dijo que no se me pagaría y que me debería pagarme los que a nombre de la gañlería me solicitaron el trabajo. en enero por el anuiiversario de lima, la misma señora alcaldesa fue a inaugurar ñla muestra de la "Chalina de la esperanza", y el señor chumpitaz muy seriecito él me dice que ,me lpaguen los encargados de la galería. Bastó que le mostrara un pedazo de mi conversaciñon con el psicópata sergio eduardo hurtado ghersi, para que inmediatamente sugirieran la forma en que se haria el trámite para cancelarme. va pasando un mes y recién pude presentar factura. me dijo el enfermo que la familia de él tiene mucha amistad con las personas del entorno de susana villarán, y por ahí llega las relaciones que hicieron posibble que este personaje ajeno a la municipalidad de lima intervenga como si fuera el dueño de la municpalidad. Yo dudo que la señora sisana villarán o la gerente de cultura, sra. córdova, se hayan enterado de este problema, pero lo que si estoy seguro que fue genmte del área de logistica qque si se movieron por relaciones y seguro por dinero para lograr que a mi se me excluyera como proveedor e intentaran evitar que cobre los trabajos relaizado, al colmo que llegaron a despedir a la persona que administarba la galeria en ese entonces solo por exigir que se pague al proveedor. Espero que alguien informe de estos hechos a la señora susana villarán, ya tiene mi correo y me pueden llamar y voy a declarar donde mejor les parezca sobre esta situación. SERGIO EDUARDO HURTADO GHERSI, es un mafioso , hijo de un célebre político y a demostrado que tiene poder e injerencioa dentro de la municpalidad de lima. Si realmente la señora susana villarán quiere despejar esta duda de su entorno administrativo, contáctese conmigo y le mostraré muchas cosas que le pueden abrir los ojos copn respecto a este personaje que menciono. Epero sus comentaruos a mi correo para responderles.

Añadir un Comentario: